REFLEXIÓN PASTORAL DE ESTA SEMANA

DIOS MANIFESTÓ SU GLORIA A LOS ISRAELITAS.

 

Su presencia era tangible a los sentidos. Todos la percibían y sus vidas fueros transformadas. De manera similar, Dios manifestó su santidad y su gloria, con manifestaciones físicas, al profeta Isaías. Isaías 6: 3-4. Y el uno al otro daba voces, diciendo: Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria. Y los quiciales de las puertas se estremecieron con la voz del que clamaba, y la casa se llenó de humo. Entonces dije: ¡Ay de mí! que soy muerto; porque siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos. También vemos que cada vez que Dios se manifiesta le hablaba al pueblo. Si ocurre una manifestación de Dios, y no escuchamos su voz de alguna manera, entonces sólo estamos sino espectadores y no participantes. Pero si Dios te habla, y recibes lo que Él te está diciendo, sus palabras se establecen en su interior. Algunas veces Dios les habló a individuos, como a Moisés a través de la zarza ardiente o a Saulo (Pablo) en camino a Damasco. Otras veces Dios le hablo a más de una persona, como ocurrió con Pedro, Santiago y Juan cuando Jesús se transfiguro. Éxodo 3:1-3. Hechos 9: 1-8. Lucas 9: 28-35. Cuando Dios nos habla, Él puede hacerlo de forma audible o puede hablar a nuestro corazón. DIOS MANIFESTÓ SU GLORIA A TRAVÉS DE SU HIJO, JESÚS. La máxima expresión de la manifestación de la gloria de Dios en el mundo. Ocurrió cuando envió a su Hijo, Jesús. A la tierra para convertirse en nuestro salvador. Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo; el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas. Hebreos 1: 1-3. Jesús habló la Palabra de Dios y Él es la Palabra de Dios. Juan 1: 1. En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Él dijo lo siguiente: Juan 10: 30. Yo y el Padre uno somos. 38: Mas si las hago, aunque no me creáis a mí, creed a las obras, para que conozcáis y creáis que el Padre está en mí, y yo en el Padre. Juan 14: 9-10. Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; cómo, pues, dices tú: ¿Muéstranos el Padre? ¿No crees que yo soy en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en mí, él hace las obras. Jesús nos llevó a conocer al Padre por medio de su carácter, virtudes y comportamiento. Ver a Jesús equivale a ver el esplendor y la imagen del Padre. Su sustancia (esencia) era su gloria, y escucharlo hablar era lo mismo que escuchar al Padre. JESÚS ES LA MÁS ALTA EXPRESIÓN DE DIOS A LA HUMILDAD; LA COMPLETA REVELACIÓN Y MANIFESTACIÓN DE LA GLORIA. Continuará próxima semana                                    

 

Pastora Maria de Machuca